Insomnio tecnológico: una plaga detrás del cristal

No es nuevo, ni es ya sólo cosa de “Geeks” (amantes de la tecnología y la informática). Cada vez más adult@s, jóvenes y niñ@s sufren las consecuencias del uso de pantallas retroiluminadas. Una de las más habituales es el insomnio tecnológico y falta de descanso.

Progreso tecnológico, cambios en las rutinas, mayor exigencia laboral, entretenimiento a golpe de clic… nuestros hábitos han cambiado radicalmente desde aquellos tiempos en los que el papel era la única fuente de información y comunicación. Hoy no existe nada que no esté en la red, ni podemos permitirnos vivir desconectad@s de nuestros móviles, tablets o PC’s. Y claro, este modelo no sólo nos lo auto-imponemos, sino que también lo transmitimos a nuestros niñ@s como el nuevo way of life para conseguir el éxito personal y profesional.

El insomnio tecnológico está catalogado ya por los expertos en Neurología y Oftalmología, como una patología en sí mismo. Un “error del sistema” que arrasa y empieza a convertirse en una de las más severas epidemias del s. XXI. Y es que, ¿qué es lo último que solemos hacer antes de acostarnos?

El uso nocturno de Internet, móviles, tablets y ordenadores y aplicaciones tecnológicas han desplazado a la televisión como principal causa del retraso a la hora de dormir pero también están detrás del llamado insomnio de mantenimiento al ser causantes de gran número de despertares. Lo cual dificulta, y en exceso, la capacidad de nuestro cerebro para poder repararse adecuadamente. En definitiva, nuestros hábitos resultan ser los mayores enemigos de nuestros patrones del sueño.

Insomnio tecnológico, adiós al sueño reparador

El sueño es un proceso natural que el cuerpo humano utiliza como mecanismo para consolidar las memorias más importantes y hacer su propio mantenimiento: eliminar los productos tóxicos generados mientras estamos despiertos y limpiar, entre otras sustancias, el beta-amiloide (el material de las placas seniles, una de las características distintivas de la enfermedad de Alzheimer). Es, por tanto, una necesidad biológica que no puede ser sustituida y cuya función resulta, literalmente, vital.

Los ritmos biológicos naturales del cuerpo, o ritmos circadianos, son ciclos regulares que se repiten cada 24h. y se encargan de regular las funciones fisiológicas de nuestro organismo entre las que se encuentran el sueño y la vigilia. Entre las causas más comunes de los trastornos del sueño, se encuentra precisamente el uso de dispositivos tecnológicos y la emisión de la tan temida luz azul (combatida por las lentes de Colonvo).

¿Sabes para que sirve el sueño?

Anne-Marie Chang, investigadora del Hospital Brigham de Boston (EEUU) asegura que: “Los ritmos circadianos naturales del cuerpo son interrumpidos por la luz de longitud de onda corta, también conocida como azul clara, que emiten estos aparatos. En nuestro trabajo, aquellos que leyeron en un eBook con dispositivos electrónicos antes de dormir necesitaron más tiempo para conciliar el sueño y durmieron peor que los que leyeron un libro tradicional; además, los primeros redujeron la secreción de la melatonina, lo que retrasó el ritmo del reloj circadiano y estuvieron más adormilados a la mañana siguienteRevista Americana de Ciencia PNAS (Proceedings of the National Academy of Sciences of the United States of America).

Luz azul: que la fuerza te acompañe

¿Eres de los que antes de dormir revisa todas las redes sociales, contesta los Whastapps pendientes y repasa en el correo electrónico las tareas del día siguiente? Pues sin saberlo estás perjudicando a tu salud y sin saberlo, puedes padecer insomnio tecnológico. La luz azul es la culpable de que después de mirar esa maravillosa pantalla de tu smartphone, ordenador… te cueste conciliar el sueño. Y te preguntarás, ¿por qué? Pues resulta que la luz azul puede secar bastante la retina y además contribuye a desestabilizar el ciclo nocturno-diurno. Es decir, la luz azul nos vuelve loco el sistema que nos regula cuándo toca dormir y cuándo no. De ahí esa sensación de cansancio de buena mañana…

Y es que, está claro que tal y como llevan advirtiéndonos desde hace unos años algun@s expert@s, este tipo de radiación tiene consecuencias nefastas, no sólo para nuestra vista, sino también para la correcta ejecución de nuestros procesos cerebrales y el desarrollo de patologías a medio y largo plazo. No olvidemos que la falta de sueño (y en este caso el insomnio tecnológico) está estrechamente vinculada a trastornos relacionados con el cáncer, la diabetes, problemas cardiovasculares o, incluso, la obesidad y la depresión.

Entonces, ¿qué precauciones deberíamos tomar para evitar este tipo de trastornos? Es fundamental que seamos conscientes de cuáles son nuestros hábitos y tratemos de minimizar al máximo la radiación de las pantallas que se cuela directamente a través de nuestras pupilas. Combatirla mediante el uso de una barrera protectora como las lentes con filtro luz azul nos ayudará a mejorar nuestro descanso, no sólo en cantidad, sino también en calidad, lo cual, nos pondrá a punto para poder enfrentarnos al día a día con la energía necesaria y con nuestras capacidades al 100%… Si hacemos frente al insomnio tecnológico veremos el mundo de otro color y sobretodo, seremos capaces de conciliar no sólo el sueño, sino también nuestra vida personal y profesional con nuestra salud.

Como dijo Miguel de Cervantes «el sueño es el alivio de las miserias para los que las sufren despiertos». Concedámonos, al menos, ese pequeño privilegio.